cuentos

Tuesday, December 06, 2005

Gitana mia, cuarta parte

De eso han pasado ya seis meses. De Sevilla marchó a Valencia, mas tampoco encontró gitanos allí. Antonio recorrió villa y valle, ciudades y poblados, llanuras y ríos. De norte a sur, de oeste a este, conoció más de la mitad de España.
Los días se sucedían, arrastrando al sol y la luna. Sólo el recuerdo febril de la gitana danzando no conseguía desvanecerse. Solo el deseo de verla otra vez lo mantenía despierto. Seguramente la gitana también debía de querer conocerle.
Quimera era el único que le había acompañado en todo este período. Mas Antonio percibió que la fatiga lo estaba matando. No quiso compartir ese destino con su corcel. Fue por eso que se bajó y le comenzó a hablar con lágrimas entre los ojos:
- Quimera, amigo mío, juntos hemos seguido una que comparte tu nombre, una ilusión. Habéis sido bravo y fiel como ninguno, mas vos no debéis morir por mi deseo. Ve a casa que allá os cuidarán bien.
El caballo seguía allí. Antonio le retiró la montura y las riendas.
Vete ya- le dijo-No me hagáis mas difícil esta despedida. Quimera parecía querer seguirlo. Antonio se marchó y no dijo más. Hubiera sido inútil. Ahora debía viajar solo.
Vendió los objetos junto con su sombrero, y compro alimento además de un sable para defenderse de los bandidos. Por ultimo compro un bastón, pues se le estaba haciendo difícil el caminar.
De esta forma Antonio siguió viajando por espacio de cuatro meses más. Pero el final de su viaje se acercaba.
El pueblo al que llego ese día no parecía diferente de los demás. Quizá ya había estado allí antes. Pero había algo diferente en aire. Un perfume de mujer. Un aroma de fuego. Ella había estado aquí hasta hace poco, no había duda. Un rayo de esperanza le devolvió los ánimos. Le pregunto a un aldeano: Buen hombre ¿Habéis visto a unos gitanos por casualidad?
Sí- –respondió- ellos han salido para Madrid. Se han de presentar delante del Rey. Buenos músicos y hermosas bailarinas. Sobretodo una joven que…
…Parecía estar poseída por el fuego.
-Sí ¿Cómo lo supo?
-Solo lo sé. Decidme ¿Dónde podría conseguir un buen caballo?
-¿Para que habéis de hacer eso? Madrid está sólo a una jornada de camino. Deberíais de llegar al amanecer. Solo Seguid al norte.
Antonio sintió que su cuerpo recobraba fuerzas, que su corazón comenzaba a latir con una energía que no recordaba. Comenzó a corre tan ligero que ni el viento fue capaz de alcanzarlo. Olvido el cansancio y la falta de sueño. Solo quería verla otra vez. Y que esta vez durara para siempre.

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