Gitana mia segunda parte
Trató de acercarse, no sin torpeza, tropezando con una piedra. Para su fortuna, el pasto donde cayó estaba alto y pudo ocultarlo.
La música se detuvo, los gitanos se alertaron, pero al no ver nada, volvieron a lo suyo.
Dijo el que parecía ser el jefe:
Los españoles están cada vez más hostiles. Cada día estamos ganando menos dinero. Cada día recibimos mas amenazas. Debemos marcha a Sevilla donde están nuestros parientes.
Por nuestros parientes ¡Salud!-brindaron todos.
Cesó nuevamente la música. Los gitanos comenzaron a empacar. Antonio sabía que se irían ahora mismo.
Volvió donde se hallaba su caballo, monto sobre éste y se dirigió nuevamente al campamento gitano, mas tiempo que se habían marchado.
Se han ido para Sevilla- se dijo para sus adentros- Gitana mía, fuego de mi corazón, sé que no puedo vivir sin ti, por ello viajaré a Sevilla también.
Pero primero pediré consejo al padre Anselmo.
Tomo rumbo al convento de San Luis. Éste era un antiguo edificio, construido íntegramente de piedra y pobremente adornado, dada su antigüedad superior a los 900 años. Y hace más de 20 vivía allí el padre Anselmo, confesor del duque de Sidonia y, por ende, de confesor de Antonio también.
Estaba el padre Anselmo estaba ordenando la decoración del altar, quizá lo único medianamente valioso del lugar, cuando llego Antonio, fuera de sí y con la vista extraviada.
Padre Anselmo-llamó este.
¿Que sucede muchacho?- contestó extrañado.
Necesito que aviséis a mi padre- hablaba con la voz entrecortada- Hoy salgo de viaje
-Pero que disparates estáis diciendo, chaval ¿Por qué no podéis esperar hasta mañana? Recuerda que hoy celebramos la visita de nuestra majestad y su familia.
-¡Al diablo el rey y su familia! Si espero hasta mañana la perderé para siempre.
-¿De quien habláis?- Inquirió el anciano.
No puedo deciros más. Tomo lo poco y nada que había disponible en el lugar, y se marchó tan repentinamente como llegó.
-Al menos cerrad la puerta, chaval- grito- Y ahora como he de decirle a don Fernando que Antonio se ha marchado quien sabe donde.

