cuentos

Wednesday, November 30, 2005

Gitana mia segunda parte

Trató de acercarse, no sin torpeza, tropezando con una piedra. Para su fortuna, el pasto donde cayó estaba alto y pudo ocultarlo.
La música se detuvo, los gitanos se alertaron, pero al no ver nada, volvieron a lo suyo.
Dijo el que parecía ser el jefe:
Los españoles están cada vez más hostiles. Cada día estamos ganando menos dinero. Cada día recibimos mas amenazas. Debemos marcha a Sevilla donde están nuestros parientes.
Por nuestros parientes ¡Salud!-brindaron todos.
Cesó nuevamente la música. Los gitanos comenzaron a empacar. Antonio sabía que se irían ahora mismo.
Volvió donde se hallaba su caballo, monto sobre éste y se dirigió nuevamente al campamento gitano, mas tiempo que se habían marchado.
Se han ido para Sevilla- se dijo para sus adentros- Gitana mía, fuego de mi corazón, sé que no puedo vivir sin ti, por ello viajaré a Sevilla también.
Pero primero pediré consejo al padre Anselmo.
Tomo rumbo al convento de San Luis. Éste era un antiguo edificio, construido íntegramente de piedra y pobremente adornado, dada su antigüedad superior a los 900 años. Y hace más de 20 vivía allí el padre Anselmo, confesor del duque de Sidonia y, por ende, de confesor de Antonio también.
Estaba el padre Anselmo estaba ordenando la decoración del altar, quizá lo único medianamente valioso del lugar, cuando llego Antonio, fuera de sí y con la vista extraviada.
Padre Anselmo-llamó este.
¿Que sucede muchacho?- contestó extrañado.
Necesito que aviséis a mi padre- hablaba con la voz entrecortada- Hoy salgo de viaje
-Pero que disparates estáis diciendo, chaval ¿Por qué no podéis esperar hasta mañana? Recuerda que hoy celebramos la visita de nuestra majestad y su familia.
-¡Al diablo el rey y su familia! Si espero hasta mañana la perderé para siempre.
-¿De quien habláis?- Inquirió el anciano.
No puedo deciros más. Tomo lo poco y nada que había disponible en el lugar, y se marchó tan repentinamente como llegó.
-Al menos cerrad la puerta, chaval- grito- Y ahora como he de decirle a don Fernando que Antonio se ha marchado quien sabe donde.

Tuesday, November 29, 2005

Gitana mia primera parte

Este es un cuento que escribi para el concurso de mi U, pero como no gane ahora lo publico aqui
Era un día de verano. En una villa de España, al sur de Andalucía, un joven marchaba sobre su caballo. Éste, aunque alto y gallardo, se veía demacrado, y al mismo tiempo lleno de energía. Parecía estar buscando algo con todo su ser.
Su caballo no estaba mucho mejor. Incluso sus ropajes parecían haber conocido tiempos mejores.
Sin bajarse del caballo, llamó a un poblador: Ea, buen hombre.
Me llamáis a mi joven señor- contestó un anciano poblador.
Busco a una joven, una gitana.
No mi señor, aquí no hay gitanos. Los hubo hasta ayer, pero se marcharon.
No era la primera vez que escudaba eso…

Hace ya casi un año, un joven salía de su castillo. Era Antonio Núñez de Burgos, hijo único del duque de Sidonia. Antonio era un joven apuesto y garboso. Diestro en la caza, así como en las artes, en especial en las letras y en el canto. Las pastoras suspiraban al verlo pasar, mas él no las veía. A menudo diversas comitivas visitaban su castillo, pues las hijas de condes y duques ansiaban comprometerse con varón tan señalado. El tampoco las veía.
La verdad es que no tenía ojos para mujer alguna en toda España. Lo único que su sus ojos veían era la libertad de las praderas, don de podía cabalgar libre como el viento y cazar con la precisión de un halcón. Donde podía escribir como un sabio y cantar como un ruiseñor. Donde ya no era el hijo de duque. Sólo era Antonio.
Uno de esos días había salido a cazar como de costumbre, mas esta vez no encontró nada. Al volverse, creyó ver el fuego danzar en medio del aire. Quiso asegurase que sus ojos no lo engañaban y con velocidad se dirigió a donde creyó verlo.
No era fuego lo que habia visto, pero sí lo era. Era un campamento de gitanos.
Los gitanos, decía el padre Anselmo, son hijos del demonio y no debéis acercaros a ello nunca jamás. Pero estos gitanos parecían ser personas normales, salvo por su forma de vestir. Y su extraña música.
Sí, los gitanos estaban cantando. Ese día tenían un festival, con mucho ruido y colorido. Los hombres del pueblo tocaban la guitarra, en tanto que las mujeres se divertían bailando. No había nada especial en eso.
Salvo por una joven que bailaba en el centro. Destacaba sobre todas por su vitalidad y juvenil belleza. Era alta y delgada. Su cabello, negro como las noches sin luna, parecía enredarse en los acordes de la guitarra. Sus ojos, dos esmeraldas que brillaban con el fuego de su alma. Sus labios rojos, destacaban una sonrisa de dientes blancos. Su piel tostada por el sol ardía aun más con el ímpetu con el que bailaba.
Bailaba con tanto entusiasmo que el fuego ardía en el cielo, justo sobre su cabeza. Antonio no podía creer en semejante prodigio aún. Estaba hechizado por esta gitana. No quedaba duda, ella era el fuego que vio desde la distancia. No podía asegurar si ella era humana, bruja, o si era el mismo demonio, pero Antonio estaba hechizado. Hechizado de amor.